FRAGMENTO DE LA PORTADORA

amor

 

 

¡FRAGMENTO DE LA PORTADORA!

 

Se acercó a los establos segura de que allí lo encontraría preparando su caballo, pero cuando estaba a punto de entrar lo oyó hablar con alguien. El tono seductor que dedicaba a su interlocutor la hizo pararse en seco y prestar atención.

—Ya sabes, preciosa, que sí tengo ganas de verte, por eso te llamo… Es que he tenido mucho trabajo, pero esta noche podría compensarte por lo de la semana pasada.

Casey escuchó la risa de Jake, juguetona y sexy, y sintió cómo le hervía la sangre en las venas. Estaría hablando con alguna fresca con la que quería quedar para aquella noche.

—…Tú ya sabes cómo… ¡Ah! ¿Sí?… Mmmm… Seguro que eso me va a gustar.

Se estaba poniendo enferma, no podía soportarlo más. Quería estrangularlo allí mismo.

—¡Ujum! —tosió a su espalda, pero él ni se inmutó.

¿Así de grande era su desfachatez para no terminar con aquella conversación aun estando en su presencia? Pensó.

—¡Ujum! —volvió a toser con más fuerza. Jake se giró lentamente sin soltar el auricular.

—¿Querías algo? —le preguntó tapando el altavoz para que la mujer con la que hablaba no la oyera.

—Sí, ¡qué dejes tus conversaciones privadas para cuando no estés trabajando! —le ordenó.

Jake elevó una ceja aparentemente divertido con la actitud de ella.

—Tú no eres quién para decirme cuando puedo hablar y cuando no —contestó sin dejar el aparato.

—Yo puedo ordenarte lo que me plazca, trabajas para mí, ¡capataz! ¿O se te olvida tu cargo?

—No se me olvida, princesa. ¿Y qué es lo que desea su alteza que ha venido hasta aquí a buscarme? —le dijo él con una sonrisa burlona.

—¡Yo no deseo nada de ti! —mintió—. Me ha mandado mi madre.

Jake la observó cruzarse de brazos y tamborilear la puntera de su bota de pitón contra la tierra como si estuviese siguiendo el ritmo de una canción, y supo que no lo iba a dejar tranquilo.

—Preciosa, tengo que cortar —comenzó a decirle a la chica que tenía al teléfono—. No se deben tener conversaciones de adultos en presencia de los niños —continuó riendo. No le hizo falta mirar a Casey para saber que la había puesto realmente furiosa—. Un beso, preciosa. Hasta esta noche —terminó y colgó dirigiéndose a Casey.

—Vas a tener que llamar a esa fresca con la que hablabas y cancelar la cita —le dijo con una mirada rabiosa.

—Es la segunda vez en esta conversación que te confundes creyendo que puedes decirme lo que puedo o no hacer, princesa —contestó acercándose a ella y deteniéndose a pocos pasos.

—¡A mí me da igual lo que tú hagas! —volvió a mentir—. Pero mi madre me envía para que te diga que ha preparado una cena en tu honor esta noche, para celebrar tu cumpleaños.

Casey apretó los dientes.

Era evidente que la chica no estaba conforme con el hecho de que le organizasen una cena de cumpleaños a un capataz, o tal vez, sólo se tratase de que era él el capataz en cuestión. De cualquier manera, el hecho de hacerla enfadar era siempre un placer y un motivo de diversión, pensó Jake.

—¡Pony es una gran mujer! Es una pena que no hayas heredado nada de ella. Dile a tu madre que estaré encantado de asistir a esa cena. Puedo ir al bar después.

Jake le notificó sus planes y se marchó pasando por su lado como si ella no tuviese nada más que decir.

¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba a muerte!

 

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