SEMANA TEMÁTICA DE PERDICIÓN TEJANA

Tal y como os prometí, esta semana os voy a dar información de Perdición Tejana, para los que habéis leído el libro, muchas cosas las recordareis, pero otras os parecerán curiosidades. Para empezar, hoy voy a hablaros de los personajes.
Perdición Tejana tiene muchos personajes. Algunos aparecen de manera fugaz para dar un sentido a la historia, pero otros están directamente enlazados con la trama, como es el caso de Phoebe, María, Tommy, Andy, y Ben.
 
En esta primera entrada, os voy a presentar además de a Natalie y Tucker, a estos personajes secundarios. Y para finalizar, os pegaré un fragmento de una de mis escenas favoritas del libro. Os preguntareis por qué en concreto esta escena. Y os digo, porque así empezó todo…
 
Un besazo a todos y espero que disfrutéis.
 
Tucker
 
 
Natalie se giró sobre sus talones y se quedó sin aliento. Se dijo a si misma que se debía a las horas que había estado cabalgando, pero lo cierto, es que aquel hombre era sobrecogedor; debía medir más de metro ochenta y cinco. Sus hombros eran anchos, el cabello castaño oscuro y los ojos del color del acero; grises y turbios. La mandíbula bien definida y masculina, y unos labios perfectos, que en aquel momento dibujaban un rictus serio. Su físico era impresionante, no había duda, pero la turbación que le provocaba venía de la energía que emanaba de él. Y aquella mirada de desaprobación que tanto le había molestado durante años, cuando la veía en los ojos de su padre, y de la que pensaba ya no sería objetivo nunca más
Natalie
 
 
 
 
—El Sr. Mc. Gregor, supongo, soy Natalie Oldman. Siento el retraso. Esperaba haber vuelto a tiempo para recibirles— anunció mientras se limpiaba la palma de la mano en el vaquero y la extendía a modo de saludo.
     Tucker observó la mano de la chica deslizándose por la suya hasta cerrarse en un firme apretón. Tenía una mano menuda, pero de dedos largos y finos, y una piel cálida y suave, que contrastaba con suya, ligeramente áspera fruto de los años de duro trabajo. Sintió un irremediable calor recorrer su cuerpo y al mirarla a los ojos, pudo reconocerlo también en los de ella. Tucker sostuvo su mano más de lo debido, impresionada, Natalie la retiró con demasiada energía, lo que provocó que se tambaleara momentáneamente.
     No había podido evitarlo, ella le resultaba tan sexy, aunque no del modo habitual. La recorrió con la mirada. Tenía el pelo muy  oscuro y corto, y unos enormes y expresivos ojos castaños que lo interrogaban mientras se mordía el labio inferior. Detuvo la mirada en aquel movimiento y el deseo y la turbación volvieron a apoderarse de él. ¿En qué diablos estaba pensando? Esa mujer llegaba con una hora de retraso, haciéndolo esperar después de otras cuatro horas de agotador viaje. Y él… sólo podía pensar en besarla.
Tommy
 
 
—Encantada de conocerte Tommy, soy Natalie— se presentó con una sonrisa—. Estoy segura de que lo pasarás realmente bien aquí, y además, tenemos la mejor limonada de todo Texas —le dijo en tono cómplice—¿Quieres un vaso bien fresquito?— dijo dedicándole la mejor de sus sonrisas. El niño tenía como tío al hombre más irritante del mundo, pero él no era responsable de eso. Por lo que agachada a la altura del niño, esperó a que le diera una respuesta. Tommy dedicó una mirada dubitativa a su tío, y este le dijo:
     —Ve tranquilo chico. Voy a hablar con la Srta. Pero no me moveré de aquí—expresó con ternura, a lo que el niño contestó moviendo afirmativamente la cabeza.
     —Estupendo— comenzó Natalie—. ¿Por qué no acompañas a María a la cocina? Ella te dará un vaso bien grande.
     El niño afirmó con el mismo gesto de antes.
     —Ven cariño— le dijo la mujer cogiéndolo de la mano—, también tengo galletas, y esas sí que son las mejores del estado.
     El niño le dedicó entonces una tímida sonrisa y ambos se perdieron en dirección a la cocina.
 
     —Hola Tommy—el niño la miró— ¿Qué tal estás?—le preguntó, pero tal y como esperaba, no obtuvo respuesta—. Quería que supieses, que estoy aquí para que seamos amigos. Ya sé que últimamente no te apetece mucho hablar, pero eso a mi no me importa. Los amigos de verdad no necesitan hablar con palabras, ¿sabes? se miran a los ojos, y saben lo que sienten—esperó unos segundos observando su reacción—¿Quieres que probemos?
     El niño la miró con curiosidad.
     —Ya veo, crees que no seré capaz.
     Tommy sonrió porque era cierto que no lo creía.
     —¿Lo intentamos otra vez?
     Tommy se puso serio de nuevo
     —Si no quieres, no lo intentamos—le dijo acariciándole tiernamente la mejilla.
     Tommy comenzó a llorar, al principio con un suave sollozo. Natalie se sentó a su lado y lo rodeó con su brazo, la intensidad del llanto aumentó ligeramente.
     —No tengas miedo—le susurraba Natalie al oído—, estoy aquí, no me marcharé—aumentó su abrazó mientras mesaba con dulzura su pelo castaño.
     El niño poco a poco fue dejando de llorar. Natalie limpió su carita de lágrimas. Tenía los preciosos ojos grises, brillantes y tristes, y  a Natalie se le encogió el corazón. Era una pequeña replica de su tío. Sus mismos ojos y color de pelo.
     —¿Sabes que eres un niño guapísimo?—le preguntó Natalie— Te pareces mucho a tu tío. Él te quiere mucho, nunca te va a deja solo tampoco.
     Él la miró un segundo y después centró su atención en la ventana.
     —Me apetece un helado—dijo Natalie de repente—¿Y a ti?
     Tommy asintió vigorosamente con la cabeza.
     —Perfecto, cenaremos sándwiches y helado gigante. Tenemos un atardecer precioso, saldremos al jardín, será divertido.
     Tommy le dio la mano y salieron juntos de la habitación.
María
 
 
Encontró a María en la cocina. La observó mientras ella de espaldas preparaba la masa para su empanada de carne. Llevaba las manos y la bata manchadas con harina. Levantó la mano para apartarse un mechón de cabello de la frente, utilizando el brazo con la intención de evitar mancharse el rostro, pero fue exactamente lo que consiguió. Una sonrisa se dibujó en los labios de Natalie.
     Verla allí, era como remirar una y otra vez la fotografía del momento más feliz de su infancia. Estaba como siempre, con uno de sus vestidos de tela fina floreados, ella los llamaba “batas”. Los tenía en todos los estampados y colores y los combinaba siempre con delantales a juego. Su calzado era siempre bajo y cómodo; María tenía problemas de circulación en las piernas y las arrastraba ligeramente al caminar. Se la encontraba por la casa con facilidad por el siseo de sus zapatillas contra el suelo. Durante los veintiocho años que la conocía, jamás la había visto cambiar de peinado. Llevaba el cabello corto, peinado hacía atrás, ligeramente cardado y de un artificial color castaño, que imaginaba se parecería al que en su día fue su color original. María era muy presumida y decía que ella no peinaba canas, pero lo cierto era, que hacía muchos años que se escondía de ellas. Para Natalie sin embargo aquella lucha contra la edad era una tontería. María era la persona más bella que conocía. Sus pequeños ojos y sus mofletes sonrosados, acompañaban a la sonrisa más amorosa y limpia que ella hubiese visto jamás.
 
Phoebe
 
 
Por otro lado estaba Phoebe, ella era un caso a parte; hija del alcalde y la menor de cinco hermanos, todos varones. La tenían super protegida, y ella, de naturaleza rebelde, se pasaba el día contradiciendo a los varones de su familia. La madre de Phoebe, murió siendo ella una niña. El hecho de haber crecido las dos sin una madre, las había unido como a hermanas. Phoebe, rodeada como estaba de hombres en su casa, siempre era la que más cosas tenía que criticar del sexo masculino, pero para su sorpresa, no había abierto la boca, y estaba un poco ausente. Natalie quiso llevársela para charlar con ella un rato, pero antes de poder hacerlo, la llamaron desde la otra punta del jardín demandando su presencia, así que lo dejó para más tarde.
Ben
 
 
     —Hola Natalie— la saludo una voz masculina a su espalda, cuando estaba ya en la cola del puesto.
     Natalie se dio la vuelta y se encontró con Ben, hacía varios meses que no lo veía; tenía el pelo un poco más largo de lo que lo solía llevar, pero le quedaba bien, le daba un aspecto más desenfadado y relajado.
     —Hola Ben— lo saludó con dos besos—. Hacía mucho que no nos veíamos. ¿Qué tal estás?— le preguntó con afecto.
     —Bien, con mucho trabajo. Siento no haber podido asistir ayer a la barbacoa, pero mi hermana Audry, se puso de parto.
     —¡Oh! Ben, ¡qué alegría! ¿Qué ha tenido? ¿Salió todo bien?— preguntó contenta, sabía que Audry llevaba tres años intentando tener un bebé y por fin lo había conseguido. Le dio un gran abrazo, pues sabía que también era muy importante para él, que ansiaba ser tío.
     —Está perfectamente, el parto fue muy bien, y ha tenido un precioso niño de tres kilos seiscientos— dijo con orgullo—. Dicen que se parece un poco a mí — añadió ampliando su sonrisa.
     —¡Ey! ¡Parece que al doctor se le cae la baba!— bromeó con él.
     —La verdad es que sí…pero Natalie, yo necesito pedirte un favor— le dijo él cambiando el tono animado por uno más nervioso, y algo tenso.
     —¿Qué te pasa Ben?— le peguntó ella preocupada por el cambio.
     Ben le tomo las manos.
     —No te lo pediría si no fuese importante…
     —Claro, lo que quieras…
     —Hola, ¿nos presentas, Nat?— dijo Tucker acercándose a ella y rodeándole la cintura con gesto posesivo.
     Natalie se quedó petrificada. No esperaba verlo allí, y mucho menos, que continuase con su tratamiento del día anterior. Afortunadamente, nadie pareció darse cuenta, nadie, excepto Ben claro, que los miraba atónito. Natalie apartó la mano de Tucker de su cintura.
     —Hola, Tucker. No esperaba verte aquí, pero bueno…Te pre-sentó a Ben; amigo, y médico del pueblo. Y Ben, este es Tucker; el tío de uno de los niños de mi grupo de verano.
     —Encantado— dijo Ben tendiéndole la mano.
     Se dieron un fuerte apretón mientras se miraban fijamente. La tensión entre ambos hombres se hizo tan palpable, que Natalie podría haber cortado el aire.
     —Bueno, debería irme con los niños…
     —Bien— dijo Ben decepcionado—, ¿pero podría llamarte mañana y quedamos para hablar? Necesito pedirte algo muy importante. — Insistió.
     —Claro, llámame mañana y quedamos—le dijo dándole un abrazo y un beso en la mejilla—. Dale a Audry un beso de mi parte, iré a verla en cuanto le den el alta.
     Nada más darse la vuelta, Tucker le preguntó:
     —¿Audry es su mujer?
     —No, su hermana. Ayer tuvo un niño.— Contestó ella dándose prisa por llegar a los asientos.
     —¿Y a Ben, lo conoces desde hace mucho?
     Natalie se paró a observarlo un momento, no entendía a qué venían esas preguntas, pero el rostro de Tucker no reflejaba emoción alguna. Así que prosiguió con su marcha.
     —Lo conocí al volver de Nueva York, él trataba a mi padre, y fue un gran apoyo para mí.
     —Apuesto a que sí— apuntilló él entre dientes.
     —Incluso llegamos a salir en varias ocasiones— le dijo dando por zanjado el tema.
Andy
 
 
     Andy era su mejor amiga, y con ella allí, su felicidad era completa.
     —Me alegra que estés aquí, ¿pero cómo has podido escaparte del trabajo?
     —Me he tomado unas vacaciones. Hasta dentro de quince días no se incorpora mi nuevo jefe, así que era el mejor momento para hacerlo. ¿Y no pensarías que ibas a hacer todo esto sin mí?
     —Esperaba que no— confesó Natalie contenta de que no fuera así.
     Pasaron la mañana y parte de la tarde, buscando vestidos. Natalie tenía la sensación de haberse probado hasta las cortinas de la tienda, pero fue divertido; charlaron, opinaron, rieron, y compartieron recuerdos las tres, hasta quedar agotadas. Entonces cogieron el coche que había alquilado Andy, para volver al rancho.
     —Has elegido bien. Ese vestido está hecho para ti, estás preciosa— le dijo Andy.
     —Gracias, espero que Tucker opine lo mismo.
     —Lo hará. Si ha tenido el buen juicio de no dejarte escapar, debe ser un buen tipo.
     —Lo es, contestó ella embobada.
     —Tengo ganas de conocerlo. Mi hermano también me ha hablado muy bien de él, pero nunca coincidimos cuando salía con él. Bueno, ahora le haré la ficha, a ver si es tan bueno como espero para ti— dijo riendo—. Pero dime, ¿cómo te sientes con el embarazo?
     —Feliz, cansada, revuelta…Una mezcla interesante— le dijo sonriendo—. ¿Y tú qué tal estás? ¿Has conocido a alguien?— preguntó a su amiga que estaba concentrada mirando la carretera.
     —¡Qué va! Estoy absorta en mi trabajo. Estoy en una de esas épocas en las que prefieres estar sola. No sé cómo va a afectar lo del nuevo jefe a mi trabajo, y eso me preocupa bastante más ahora.
     —En las revistas ponen a tu nuevo jefe, el nieto del Sr. Cox ¿verdad?—Andy asintió con la cabeza con una mueca— Bueno, lo ponen como el soltero de oro. Y es muy atractivo…
     —¡Natalie! ¿Tú también? —todo el mundo está revolucionado con el casanova ese. Yo solo quiero que me deje hacer mi trabajo, y no llegue a la empresa con demasiados aires de grandeza. No me interesa él lo más mínimo.
     —Tranquila, te entiendo. Hace unas semanas, yo estaba en una situación parecida a la tuya, en cuanto a los hombres, pero ahora, mírame. Embarazada, y a punto de casarme.
     —Sí, has dado la campanada— dijo Andy riendo, y Natalie la acompañó.
    Minutos más tarde, llegaron al rancho. Tucker las esperaba en la puerta, por lo que las presentaciones, no se hicieron esperar. Andy dedicó la cena, a hacer un exhaustivo test de preguntas a Tucker, para cercionarse de que se trataba del hombre adecuado para ella. Y aprobó con matrícula de honor.
 
 
Escenas preferidas
 
 
Tucker entró en el baño para recoger el reloj que se había dejado sobre el lavabo. Escuchó un ruido que provenía de la bañera y fue hasta ella; Natalie se encontraba totalmente sumergida en el agua.
     Natalie disfrutaba de aquellos maravillosos momentos de paz, cuando de repente, unos fuertes brazos la sacaron en volandas. La sorpresa y el susto le hicieron tragar agua, y comenzó a toser como si le fuera la vida en ello. Le costaba ver; tenía el pelo sobre la cara, y chorreaba agua por todas partes. Unas manos ligeramente ásperas y fuertes, le cogieron el rostro mientras le quitaban el pelo pegado a el.
     —Natalie, ¿Te encuentras bien?— oyó que le decía  la pro-funda voz de Tucker.
     — Pero…¿Qué demonios se cree usted que está haciendo?— le espetó furiosa en cuanto pudo abrir los ojos.
     Tucker la miró estupefacto como si estuviese loca.
     —¡Casi me ahoga!— le gritó ella.
     —¡Qué casi la ahogo!—le dijo alucinado— ¡Pero si acabo de salvarle la vida!
     —¿Cómo me va a salvar la vida? Si me estaba bañando tranquilamente cuando…
     En ese momento los ojos de Tucker se deslizaron por el cuerpo desnudo de ella; tenía la piel brillante, el agua caía por sus exuberantes curvas; el cuello, los turgentes y redondeados pechos, el abdomen, los muslos. Era perfecta y terriblemente sexy. Sintió como reaccionaba inmediatamente su cuerpo, y un deseo irrefrenable se apoderó de él.
     Natalie cegada por la rabia, no se había percatado de su desnudez hasta que Tucker bajó la mirada deslizándola por su cuerpo. Con rapidez agarró la toalla que tenía a su espalda y se enrolló en ella. No sabía que decir. Era evidente que la había sacado del agua pensando que estaba en apuros, y ahora la miraba de aquella manera; primitiva y oscura.
     Tucker observó como Natalie se mordía el labio inferior con gesto dubitativo. Estaban a tan solo unos centímetros, si se inclinaba sobre ella, podrá deslizar la lengua por ese mismo labio y…
     Natalie leyó la determinación en los ojos de Tucker y dio un paso atrás, chocando su espalda con la puerta cerrada. Vio como él se acercaba atrapándola, mientras apoyaba ambas palmas en la madera.
     —Sr. Mc. Gregor…yo debería…
     —Tucker, ¿recuerdas?—le dijo el en un susurro ronco frente a su boca.
     —Tucker— repitió ella con un hilo de voz.
     —¿Te he dicho ya que me encanta cómo lo dices?— dijo el sin moverse ni un centímetro.
     Permanecía tan cerca de ella, que podía compartir su cálido aliento. El calor que emanaba su cuerpo la envolvía. Llevaba unos pantalones con cinturilla elástica negros, que apenas descansaban sobre sus caderas, y una camiseta del mismo color con cuello amplio en pico que dejaba a la vista  parte de su torso. El aroma de su colonia mezcla de sándalo y madera, le hicieron flojear las piernas. Natalie sintió un escalofrío.
     —Creo que debería marcharme— dijo con voz temblorosa.
     —¡No!— dijo él con firmeza.
     —¿No?— preguntó sorprendida.
     —No sin antes un beso de buenas noches— dijo mientras le acariciaba con el dedo, el labio que segundos antes ella se mordía.
     Natalie contuvo la respiración, sabía que era el momento de quejarse, pero estaba paralizada por la excitación. Se humedeció los labios con la lengua, que rozó ligeramente el dedo de Tucker, éste soltó un gemido, y la besó; al principio fue solo un roce de labios, lento, sensual, sintiendo cada vibración de la piel, después, Tucker deslizó la lengua por sus labios.
     “Sabia tan bien” pensó Tucker, era como una fruta prohibida, solamente para él. Los mordisqueó, y cuando estos se abrieron en señal de dulce rendición, no pudo más e introdujo la lengua apoderándose de la cavidad de su boca. Era cálida y suave, ninguna mujer le había hecho sentir aquella poderosa excitación, mezcla de inocencia y entrega absoluta.
     Natalie sentía un calor abrasador en cada una de las células de su piel, le faltaba la respiración…”tenía que parar con aquello”, se decía a si misma. Había conocido a ese hombre hacía unas horas, y él…¡ni siquiera le gustaba! ¡Aunque cualquiera lo diría! Sintió que él se separaba apenas un par de centímetros con la respiración entrecortada, y aunque una parte de ella deseaba hundir los dedos en su pelo y volver a besarlo, otra le indicó que si no hacía algo, en aquel momento sucumbiría a él sin remedio. No lo podía permitir, y antes de que Tucker pudiese reaccionar, abrió el pomo tras ella, pasó bajo su brazo y escapó al interior de su habitación cerrando nuevamente la puerta, esta vez en sus narices.
     Tucker se quedó con la frente apoyada en la puerta un buen rato. “¿Qué demonios había pasado allí?” pensó. En un principio creyó que se conformaría con un casto beso de buenas noches, pero en cuanto la saboreó, en cuanto sintió su dulce rendición, no puro parar. Aquella endiablada mujer había hecho estallar todos sus sentidos con un solo beso, y después huía de allí dejándolo excitado y frustrado. Una cosa no podía negar: “¡Le había gustado! ¡Dios! Le había gustado, y mucho, y pensaba repetir”. Se dijo con determinación mientras se dirigía a su habitación cerrando la puerta tras él.
 Y mañana localizaciones… Con una sorpresita que espero que os guste.
Un besazo, y feliz martes.
 
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8 comentarios en “SEMANA TEMÁTICA DE PERDICIÓN TEJANA

  1. Me gusto… Bueno ya paso un tiempo desde que lo leí, no recuerdo muy bien todas las escenas, pero sin dudas esa esta entre mis preferidas.
    Gracias por refrescarme la memoria y darme ganas de leerlo otra vez. Es una gran historia, me encanta como es Natalie ^^
    Un beso
    Nos leemos.

  2. Hola Lorraine, descubrí tus libros por los libros viajeros de el Club de Lectura en facebook y me enamoraron con decirte que me los leí los tres en dos días.

    La escena del baño es una de mis preferidas, me reí un montón, y me encanta poder ponerles caras a tus personajes.

    Espero seguir leyendo más cositas tuyas en un futuro no muy lejano.
    Un besazo

  3. Lorena me ha encantado la entrada.
    He vuelto a revivir en mi mente la escena de la bañera y me encanta…que sepas que estoy sonriendo de oreja a oreja con esa escena:
    — Pero…¿Qué demonios se cree usted que está haciendo?— le espetó furiosa en cuanto pudo abrir los ojos.
    Tucker la miró estupefacto como si estuviese loca.
    —¡Casi me ahoga!— le gritó ella.
    —¡Qué casi la ahogo!—le dijo alucinado— ¡Pero si acabo de salvarle la vida!
    —¿Cómo me va a salvar la vida? Si me estaba bañando tranquilamente cuando…
    Me requeteencantaaa.
    besos niña.

  4. Hola Sheila. Me alegro mucho de que disfrutaras con ellos hasta el punto de leerlos de una tacada…Jajaja. Sin duda sabrás de cositas nuevas mías muy pronto y espero que te gusten igual, sino más. Un besazo grande, y estás invitada a participar en esta mi casa cuando quieras.

  5. Hola guapa, yo me reí de lo lindo escribiéndola y a la vez desarrollando en esa escena el comienzo de esa tensión sexual entre los protagonistas que parece hacerlos consumir. Es una pasada conseguir que disfrutéis leyéndolo, tanto como lo he hecho yo, escribiéndolo. Un besazo guapa y espero que te gusten el resto de entradas de la semana.

  6. ¡Hola Giselle! Bienvenida. Es una serie. Aunque son libros autoconclusivos (historias independientes), los personajes están relacionados. La segunda de la serie es Ríndete mi amor, la tercera Unidos por un ángel, y próximamente saldrá Mi pequeña tentación, que es la cuarta. Espero que te gusten. Un saludo.

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