¡Buenos días por la mañana!

Son las ocho de la mañana de un domingo. Pero mis canijos, como cada día, hace más de una hora, decidieron que ya era hora de levantarse, así que aquí estoy delante del ordenador, a horas no recomendables para un domingo, y dando vueltas a mi pequeña cabecita. Y se me ha ocurrido, que esté, es un buen día para contar cómo empezó todo.
 Como todos/as los apasionados de la literatura romántica, puedo identificar claramente el momento en el que comenzó esta maravillosa historia de amor, entre la novela romántica y yo. Siempre fui una romántica empedernida; demasiado soñadora, demasiado sensible, está en las nubes… Eran frases que escuchaba con frecuencia de boca de mis padres, y tenían razón. Yo ansiaba más.
 Me pasaba las horas mirando por la ventana e imaginando historias, en las que me sumergía, hasta el punto de parecer respirar en ellas. Me recuerdo con cinco, y seis años, escribiendo poesía. Eran poesías sencillas, tiernas y dulces, que atesoraba en mis cuadernos, y que fui llenando hasta los dieciséis años. Entonces decidí dejar de escribir poesía por un motivo muy tonto. Me daba vergüenza.
 
Mi profesora de literatura, Dña. Milagros, leía cada poema que escribía. Cosas que yo dejaba salir de dentro cuando estaba melancólica, triste, soñadora, añorando romance, o pensando en las injusticia de la vida. Eran cosas muy privadas, y ella, con toda su buena voluntad y orgullo, empezó a llevar esos poemas a sus otras clases, y leerlos y mostrarlos a sus otros alumnos poniéndolos como ejemplo. Cuando personas del instituto comenzaron a acercarse a mí, para decirme que había leído tal o cual de mis poemas, me moría de vergüenza, y dejé de escribir. Una estupidez, que hoy en día con los años, no repetiría. Ahora escribo poesía, pero para niños. Tengo seis libros escritos en verso para niños, y me lo paso genial escribiéndolos y leyéndolos con los niños en los encuentros con el autor.
 
Pero me he desviado; comencé a escribir poesía a edad muy temprana, pero mi mente romántica comenzó pronto a ansiar otro tipo de historias en las que perderme. Y las encontré en las novelitas de Harlequín. Iba cada domingo al kiosco a comprar el periódico dominical para mi padre. También llevaba mi paga en la mano, buscando en qué gastármela (nunca he sido muy ahorradora). Y un día mientras daba vueltas por el establecimiento, vi las novelas de Harlequín. Sus portadas eran sugerentes, había muchas series, cada una identificada con un color, y me llamaron la atención, todas. Yo tenía doce años, y muerta de vergüenza por llevarme un libro con una portada tan sugerente, la compré y la escondí entre las páginas del periódico, hasta llegar a casa. A escondidas también, la metí en mi habitación, y a escondidas la devoraba. Me fascinaban de tal manera, que esa novelita que leía durante el fin de semana, no desaparecía de mi cabeza, en los días posteriores, hasta el siguiente domingo, que añadía una más a mi colección. Pasó más o menos un año, hasta que necesité de nuevo mucho más. También leía comics (para chicas) que no eran más que novelas románticas, hechas novelas gráficas. Por lo que añadí a mi colección libros como los de Super Esther. ¿Alguna los ha leído? Yo me lo pasaba genial, y como eran comics, no me daba tanto corte que me vieran por la calle con ellos. Así que los leía de camino al colegio, mientras hacia la cola en la panadería, o esperando en el banco mientras acompañaba a mi madre.
Y después llegaron mis joyas. Un día cayó en mis manos una novela de Daniel Steel, y devoré todas las que encontré de ella, y fui conociendo cada vez más autoras, que me transportaban a otros mundos, más interesantes, que mi vida de adolescente insegura. Nora Roberts, fue otra de mis grandes. “El caballero de la brillante armadura” de Jude Deveraux fue para mí, como descubrir un mundo nuevo. Me impactó y fascinó. Mi historia de amor con la literatura romántica, estaba más que consolidada, y aunque escribir siempre había formado parte de mí. Nunca me lo planteé en serio, hasta unos cuantos años después.
Yo tenía veintidós años, y estaba terriblemente aburrida delante de unos folios en blanco. Mientras dejaba volar mi imaginación, recordé aquellas novelitas de Harlequín que tantos buenos momentos me habían hecho pasar, y de vez en cuando, seguían haciéndolo. Y sin pensarlo me puse a escribir. A mano, en aquellos folios. Cuando levanté la cabeza de los papeles, unas horas después, había escrito cuatro capítulos de la que sería mi primera novela. PERDICIÓN TEJANA. Un homenaje a aquellas novelitas cortas que me entusiasmaban, y que habían sido las semillas de este amor por la literatura romántica. En los siguientes días la terminé, y después llegó RÍNDETE MI AMOR, y UNIDOS POR UN ÁNGEL. Seguí escribiendo. Lo siguiente fue una novela de casi quinientas páginas, que en su día se llamó “Tras los juegos del destino” y que me robaron, junto con el ordenador portátil en el que la había escrito. No tenía copias, ni impresas ni digitales, (la acababa de terminar). Y el enfado y la frustración fueron tan grandes, que durante mucho tiempo, me negué a seguir escribiendo.
 
Pero años después, cuando las tres primeras novelitas habían pasado por las manos de todas mis amigas, y algunas personas más, y me habían dicho que les habían gustado mucho. Las cogí, las releí, y recordé lo mucho que disfrutaba escribiendo, cómo me había sentido haciéndolo, y que no podría seguir viviendo sin hacerlo, al menos si aspiraba a ser feliz.
Comencé a escribir de nuevo, y volvió a mí, la felicidad que había experimentado hacía años. Y para eliminar la sombra que planeaba sobre mí, de aquella novela robada, y viendo que era totalmente imposible para mí reescribirla tal y como era, pues me sentía como si me estuviese copiando, la cambié. Medite mucho sobre ella. La retorcí, estiré y la obligué a cambiar de forma. Hoy en día, se ha convertido en “La Portadora”. Una novela de romántica paranormal, que me ha dado muchas satisfacciones, y que espero poder daros a conocer en los próximos meses. Con ella también empezó mi amor por ese subgénero, que ofrece tantas posibilidades y que me ha encandilado desde que leí a Clara Tahoces. Después han llegado otras, como Beatriz Naveira, que me entusiasma, Jezz Burn, Stephenie Meyer….Y muchas más.
Ahora me he animado a publicar y dar a conocer mi obra. Y he comenzado por aquellas novelitas que escribí como homenaje a los comienzos de esta historia de amor. Las he revisado, corregido, y actualizado (porque mi forma de escribir ahora, no se parece en nada a la de aquellos primeros tiempos), aunque sin cambiar la trama y a los personajes. A los que me parecía injusto hacer vivir otra vida después de tantos años.
Hoy os ofrezco las semillas, y en los próximos meses, conoceréis la evolución de aquellas semillas, con novelas tanto de la misma serie, que de momento, consta de otras dos más, como de novelas más complejas como LA PORTADA, y DAKATA. Que sin duda son un reflejo mayor, de la mujer que soy hoy en día.
Aún así, espero que disfrutéis con estas primeras semillas, que os hagan recordar, como a mí, aquellos primeros tiempos de descubrimiento. Y poder formar parte con mis libros, de vuestra historia de amor con la literatura romántica.
 
¡Un besote a todas, y feliz domingo!
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